Let’s plush

Is it normal to have an object that can cure sexually and emotionally the loneliness? Calling a form of affection that doesn’t involve another human being, the tenderness that is poured like water into a bottomless container. An emotion that is always beating among us, something that a person keeps as potential energy that is left into something inanimate, in this case let’s put the figure of a teddy bear, something that exists since childhood, that represents the harmless: a toy, a trustable doll to sleep babies, the object that guards and accompanies them when parents are absent due to sleeping or working.

The fact that is always in bed, guarding the person is a gesture of protection, of safety, an object that’s attached to the deepest part of the being, that sense of belonging, what doesn’t leave, the thing that stays with us till the light fades away. It’s not about perceiving it as a friend, since it doesn’t give any physical responses: it doesn’t talk, it doesn’t walk, it doesn’t cry, the plush is not human, is simply something that protects you and must be by your side. You should know that “a plushie never says ‘No!’ when you crave closeness (…) No plush partner will ever break your heart, give you a disease or hurt you in any way” (From alt.sex.plushies – http://www.velocity.net/~galen/asp-faq.txt )

Being something that we observe in a cute manner when the companion is a baby or a toddler, it tends to be something different when it comes to an adult person. Not abandoning the plush toy may mean that there is a grapple to the past, holding on to something that is not to be left behind, there is a present fear that needs to be channeled through the plush. This can be a matter of insecurity, trusting that the strengths needs to create an image of companionship so that loneliness isn’t assimilated, to create something that has an unique meaning and unable to be shared, distancing from the rest. This complex is embraced to feel plenitude and the sensation that everything is alright.

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Osmar Peña ’13

(Lamento no publicar la versión en español, sufrió varios cambios al ser editada en inglés y por cuestiones de tiempo aún no he podido reacomodarlo, para no abandonar el blog publico mientras esta que también está disponible en sexmind.com)

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El sexo aburre

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Las conversaciones diarias con sexo entre líneas; el tono entrecortado en las oraciones que se producen; los guiños que se lanzan a un atractivo extraño; la tentación que se marca en los pliegues de la ropa sobre la piel; el silencio cuando observamos lujuriosamente a alguien; todo ello es común, se ve el cómo sucede sin estremecer demasiado, el sexo es gesto tradicional en el día a día.

¿Qué novedad hay en cuanto al sexo? Capaz nada, pero aclarar el comportamiento asexual, el saber cómo funcionan las cosas tales como el amor, la oxitocina o la dopamina (que se manejan a nivel mecánico) y diferenciarlas de la percepción que se tiene de alguien, su aceptación e ingreso a un círculo más privado (que se desarrolla en un estado psicológico), es explicar de forma sencilla que la conducta sexual -a veces- se determina por el rasgo afectivo que debe estar presente: lo emotivo-sexual.

Todo termina siendo una opción, acercarse a personas sexualmente estimulantes, versus, buscar a quienes brinden una conexión afectiva, sin prestar tanta atención a siluetas definidas según los gustos. Esta acepción emocional se refiere a las personas demisexuales, las cuales establecen sus conexiones físicas a través de vínculos emocionales y que no se asocian con el deseo sexual activo del individuo. Contrario a lo que se piensa, la demisexualidad no es una clase de asexualidad, porque el deseo físico no está inhibido, solo está dispuesto según la “emocionalidad” de la persona.

El deseo sexual es la atracción física que se expresa mediante impulsos eróticos a través de los cuales se busca el placer, es decir, satisfacer dichos impulsos. Cuando una persona es demisexual no implica que la libido esté suprimida, sino que se expresa acompañada de sentimientos, un vínculo emocional que crea una sensación de cercanía y así, poder verter el placer sobre otro, llegando a sentir plenitud y agrado con el acto sexual.

¿Todos los demisexuales son románticos empedernidos y frustrados? Si todos fuésemos iguales no existiría variedad, por lo que cada persona es distinta (los demisexuales también). El romance es otra capa incomparable, que puede ser de infinitos colores, lo que para algunos es infinitamente pasional en una rosa, para otros es un cliché con fecha de vencimiento carente de significado amoroso, lleno de bacterias y clorofila. La frustración es un efecto proveniente de la responsabilidad, que deviene de evocar esos sentimientos sin feedback, es decir, el enlace que realiza una persona demisexual puede ser o no recíproco y de allí terminar en una frustración, tal como cualquier persona que se ilusiona con alguien que no le corresponde.

El sexo casual, abrir las braguetas o levantar las faldas simplemente por el hecho de satisfacer los impulsos sexuales, resulta una emoción incompleta, por sí sola no llena las expectativas, porque lo que se busca con una relación sexual no es eyacular, sino establecer un vínculo afectivo dentro del cual se pueda liberar la libido de forma amplia y en confianza. ¿Lo atractivo del sexo express para un demisexual? Una posibilidad de encontrar a una persona afín -más allá de un rol-. La incompatibilidad es el riesgo casi seguro, tal como la compra de un condón barato.

Cerrando la falsa creencia de que los demisexuales se “activan” al encontrar a su par de pilas doble A, se abre la opción de estar siempre sexualmente activos, sólo que la vinculación a otra persona se realiza cuando hay un sentimiento de por medio. La moral pareciese dominar la conducta, pero sólo se trata de sentirse bien, cómodo, a gusto; la disposición libertina no es una regla, pero el sentimiento es una elección ante el mercado libre.

Por Osmar Peña ’13

Versión en inglés disponible en: http://sexmind.com/blog/sex-boring-demisexual-perspective