La trenza en el rostro

Despega estas lágrimas que se agrupan sobre mis pómulos,
realiza recortes en mi lengua, divídela en retazos disparejos
siente mi piel de gallina, siente la electricidad en mis vellos,
como si quisieran despegarse de la piel, abandonar la casa y huir.

¿Puedes perseguirme detrás de los gritos? ¿Escondernos en el silencio?
Abrirnos espacio entre los susurros y respirar como peces ahogados,
ser el hombre colgado con ganchos de un tendedero, esperando secar mi alma.
Con ansias de dejar descansar el horizonte oscuro que exhala entre mis labios.

¿No es suficiente tener la sensación de lija en mi rostro cada vez que me afeito;
La grasa y el olor que queda en mis dedos y uñas luego de rascarme la cara;
Soñar con el torbellino de dolor con el que liman los dientes;
Gritar hasta que se agota el aliento y la voz se torna aguda, incómoda, muda?

Sentir cómo se seca mi nariz, cómo se moja al estornudar,
la sensación de hormigas sobre mis cejas, la necesidad de rascarme, de aruñar,
de rastrear, de que reaparecen en otro lugar, en la sien, en el cuello, en la nuca.

¿Cuándo es suficiente?

Osmar Peña ’14

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Estiré los brazos


Caras encontradas
vestidos rotos
botones sin abrochar
mallas sin usar

tijeras llenas de oxido
que hoy suenan cruelmente
abrazando sus piernas
caen cenizas marrones

se clava el filo en la pierna
grita, grita, grita por favor
recorta sólo la punta de mi lengua
haz que mis ojos sangren
no de lágrimas… de rojo vinotinto

castra este muro
golpea la puerta, incendia el timbre
quiebra mi espalda
déjame inválido y ríete en mi cara
escribe una carta… mátame en ella.

Osmar Peña