La trenza en el rostro

Despega estas lágrimas que se agrupan sobre mis pómulos,
realiza recortes en mi lengua, divídela en retazos disparejos
siente mi piel de gallina, siente la electricidad en mis vellos,
como si quisieran despegarse de la piel, abandonar la casa y huir.

¿Puedes perseguirme detrás de los gritos? ¿Escondernos en el silencio?
Abrirnos espacio entre los susurros y respirar como peces ahogados,
ser el hombre colgado con ganchos de un tendedero, esperando secar mi alma.
Con ansias de dejar descansar el horizonte oscuro que exhala entre mis labios.

¿No es suficiente tener la sensación de lija en mi rostro cada vez que me afeito;
La grasa y el olor que queda en mis dedos y uñas luego de rascarme la cara;
Soñar con el torbellino de dolor con el que liman los dientes;
Gritar hasta que se agota el aliento y la voz se torna aguda, incómoda, muda?

Sentir cómo se seca mi nariz, cómo se moja al estornudar,
la sensación de hormigas sobre mis cejas, la necesidad de rascarme, de aruñar,
de rastrear, de que reaparecen en otro lugar, en la sien, en el cuello, en la nuca.

¿Cuándo es suficiente?

Osmar Peña ’14

Anuncios

La máquina de escribir

Las agujas negras se clavan en el papel
calzan empapadas en sangre negra
no se pueden detener, dan zancadas sin cesar
espinas plateadas son sus piernas
espinas que penetran en las botas
botas con agujas negras de tacón
que se clavan en el papel empapadas de tinta
que se mueven sin cesar, clavan sus puntas con fuerza
largas espinas metálicas plateadas
que bailan delgadas en botas negras con tacón fino
arte del puntillismo sobre el papel con el arma negra que moja…

Osmar Peña ’13

Asesinado

Desgarrado

partes de mi cuerpo se desligan de mí

se caen sujetadas por una espesa saliva

no es levantarse una opción.

 

Se escurre el contenido de mi garganta

sobre el pecho y sobre el suelo

los labios se secan, se achican, se olvidan

se olvida un labio del otro, extrañando su compañía.

 

El hueso se bifurca

y no hay dolor más grande que ese

La voz se pierde entre la música en mi cabeza

se abren mis músculos y se aprecia la grasa entre las capas,

se hace eterna la sangre que escurre.

 

la pequeña prisión de huesos en mi pecho

se quiebra con uno solo de tus golpes

se abre y se tiene acceso al aire que provoca

suspiros, gritos y palabras;

tienes acceso a mi corazón,

bombona de propulsión de suaves cables

cables robados, prestados, que aún funcionan.

 

Lo más escalofriante

es sentir la apertura de la piel

las separaciones que se crean tras el filo que soba

la suave cama de vellos, que siempre quedan contra el suelo,

empapados en un rojo sudor.

 

Osmar Peña ’12

De espaldas (del poemario ‘Posturas’)

El silencio a tu alrededor
es una de las peores cosas en mi vida
cuando llenas una habitación con tu vacío
cuando existes sobre los espacios en blanco

Respiras sobre mi hombro, quejándote del frío
dejas tendida tu parte de la cama
es amena y fastidiosa la limpieza de tu ausencia
te obsesionas tanto con tu figura
que cabes entre sábana y sábana sin crear formas en ellas

No es lo mismo estar sin ti,
que violar constantemente mis recuerdos a oscuras
para encontrarte nuevamente en silencio

No es lo mismo viajar con el cinturon de seguridad
desabrochado en el asiento junto al mío
No es lo mismo despedirme de ti
sin que se note que hablo solo.

Cuando siento que te alejas
siendo una historia que no se narra.
El miedo desaparece, el aliento se vuelve tiza sobre la oscura noche
mi saliva aceitosa se encharca en el pavimento.

Osmar Peña ’12

Vestidor

¿Quién observa tras tus lentes?

cortina, espejos. Show frente al jurado

dos navajas escondo en mi entrepierna

pequeñas agujas hiladas se desatan de mis genitales

Caen pequeñas, sujetadas con hilo blanco.

 

Dos puntos rojos sobre mis muñecas, uno a cada mano

una pinza que eleva mis rodillas, piel que cuelga.

 

Autolaceración. Príncipes mestizos y cuentos de hadas

coce mis dientes, inserta, saca y repite otra vez.

 

Agua suena debajo de mi cuerpo, gotas azul oscuro

rompen contra la toma mental de mi cuerpo arcado

Columna rota sobre la tierra que arenosa se desentiende,

vuela como mirada perdida.

 

Una gran lanza atraviesa mi cuello,

toso cada vez más fuerte, mi cara se pone roja

mis ojos parecen reventar y apago mi visión.

No me veré más hoy,

el espejo tras la cortina del vestidor es temible y encantador.

 

Osmar Peña ’11

Extraño eso…

A veces me siento un poco sólo, porqué los amigos que tuve no son los mismos que ahora tengo, porque mi vida ha dado muchas vueltas, porque de a ratos me siento perdido, porque extraño tanto el terreno estable sobre el cuál me movía y me estresaba día a día…

Extraño mis proyectos pasados, me queda toda la experiencia enriquecida que logré agarrar de ellos, pero aún así en estos momentos me siento vacío.

Caminar sobre mi propio estrés y ver cómo ese puente vibraba con cada paso… supongo que terminó volcándose y ahora busco ese camino de regreso.

OP’11

Let me be yours

Suena como a la música de mis padres, como a una historia contada por otro, como a cliché rallado por los “escritores” contemporáneos…

 

Dime tú si no es romántico nuestro estilo de salir, de escaparnos del mundo conocido, de divertirnos entre comentarios de nada, sin profundidad, sin aguas oscuras… el banco de color verde, la arena de color mostaza rancia, el ocaso lento lento lento risa lento…

 

Zapatos grises que se acercaron al borde de mi acera, lento. Tus ojos… vertieron agua rosada sobre mí. ¿No es esto romántico? La luz nos desamparó dejándonos nuestras miradas, conectadas, impelables, coquetas al estilo de las pestañas en los años veinte… ¿¿coherencia?! No hace falta.

 

Te entregué uno de tus deseos plastificados, cómo tú dijiste… aquella es la caseta de la tentación. Atino, augurio, sospecha, buena suerte…. semántica para esta intención furtiva de conocerte. Al tenerlo suavemente entre tus manos, tus dedos se acoplaban a él, su forma redonda… tu nariz se movía dulcemente, dije perro y quise decir conejo. No corregí mi desacierto. Tampoco dije nariz… qué nariz tan hermosa tienes. Espero no escape nunca panadero. Nada más.

 

Quizás, fue tu herida un pretexto… para llevarme al lugar romántico lejos de mi realidad. Como estar fuera de la gravedad, sin sujetadores, sin piso firme, mi huida por un momento dejó de ser el bus que iba y venía con secuestrados pasajeros… tú comenzaste a ser mi escape. Y sí, es verdad… No hace falta, nada más, Esto… es romántico.

 

Osmar Peña ’11

HOME – HOGAR

Hoy quiero enfocar ese lugar que llamamos hogar desde el lugar de la pérdida, desde el punto de vista de una fractura, de esas que nos cuesta el suelo…

Dame un punto de quiebre,

dame un recuerdo.

 

Pinta la limpieza casera de un refrigerador,

el cuidado del perro importado de Italia,

los discos de la Lupe y de María Callas siempre a la vista…

estantes hechos con ladrillos y cartones.

 

Enseñame a deslizar mis pies sobre tu suelo de granito,

enséñame la risa, la riña, la reconciliación en plena sala

enseñame tus manos blancas, tus ojos cristalinos,

limpia de mis labios las infinitas colillas de Marlboro rojo.

 

Oblígame de nuevo a comer alcaparras,

y oblígame nuevamente a intercambiarlas por tus besos.

Enséñame de nuevo a sentarme en una butaca de teatro,

lo que es un movimiento, una pieza y un concierto.

 

Ese sabor a polaco no es tan fácil de borrar…

Si alguna vez, he reconocido otro lugar como hogar

alguna vez en esta vida… supongo ha sido aquel 21…

aquella calle sin salida, aquella soledad habitada.

Creo que nunca olvidaré.

 

Osmar Peña ’11

Tobos para este día

Hoy sacaré un tobo. Así es, sacaré un tobo y me pondré a recolectar todas las ilusiones que parecen derramarse hoy, en pasiones, desilusiones y demás atractivos que se apegan al centro de gravedad de la tierra.

 

Este tobo va llenito, creo que me tocará sacar muchos más. No tengo intenciones de hacer nada con todas estas esperanzas acumuladas en tan poco tiempo, mucha gente, mucha fe…. simplemente mucho. ¿Por qué?

 

No responderé.

 

Hoy, dejo muchos tobos por toda la casa, por todas las calles, avenidas, parques, hoteles, al borde de las camas, en ciertos  rincones, en fin… por todos los lugares comúnes. Yo me siento en una acera por donde no pasan carros (esto me lo imagino en el interior del país debe ser) y miro a la deriva, mis codos se sujetan de mis rodillas, mi cara de mis manos. Mis ilusiones no están…

 

Mi tobo… está en un lugar especial marcado con una X. ^^

 

Osmar Peña ’11