REVISTA CULTURAL PRISMA

¡¡¡La Revista Cultural Prisma ha llegado al mundo!!! Esta es mi revista :D,  soy el editor y otros cargos como redactor, fotógrafo o hasta corrector de estilo. El pto. es que si te interesa el arte, pues este es el lugar a donde tienes que acudir.

Revista Cultural Prisma se avoca sobre las diez artes institucionalizadas como tal en el mundo: Escultura, Pintura/Ilustración, Danza, Música, Teatro, Literatura, Cine, Videojuego, Cómic y Fotografía. Intentamos dar una perspectiva amplia y centrada, no delineamos límites y más allá ampliamos el horizonte. Somos una revista Inteligentemente juvenil

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Osmar Peña

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¿Caracas?

A continuación coloco una crónica realizada por mi persona, sobre mi visión de Caracas (realizada dentro del taller de periodismo literario que estoy haciendo en el CELARG):

¿Caracas?

Caracas fue alguna vez, la ciudad de los techos rojos. Desde hace ya unas décadas cada teja fue cambiándose por una lámina de zinc, ya las casas se amontonaban en lo que antes eran montañas, las calles empedradas de tanto pisarlas se volvieron negras y lisas, realmente ya ni existe rastro de la gente costumbrista de la época colonial, tan sólo nos queda el recuerdo, o los bonitos cuadros que se esconden dentro las galerías en desuso.

La foto que solemos guindar en un afiche comercial turístico de Caracas, es una panorámica que evita decir demasiado. Las playas, los médanos, la selva, son lugares que le quitan todo el protagonismo a la capital de Venezuela, desde la explotación turística que comenzó hace varias décadas, según el Ministerio del poder popular para el Turismo (MINTUR). Las plazas se cubren de tiendas manuales, improvisadas con techos de plástico durante la mañana, que luchan codo a codo por ocupar más espacio uno que el otro, donde los triciclos fueron sustituidos por un televisor que prueba películas de DVD bajo pleno sol.

Caracas se dejó de iglesias y comenzó a construir centros comerciales; olvidó lo elegante de los barcos turísticos, para despegar entre alas vacías de un control cambiario; apagó las corridas de toros para desarenar el lugar, obviamente no estamos en Pamplona, pero al ser pro-animales, los toros no tienen que pagar los platos rotos de la modernidad, y mucho menos quedar ignorados por el reciente protagonismo de la capa de ozono y sus desperfectos.

Esta Caracas actual no tiene edad, vive atorándose en el metro a las cinco de la tarde; persiguiendo al ladrón que la atracó en Petare, sobreviviendo a la falta de trabajo y al gasto de papel en currículums que no volverán; Caracas se trasnocha en una rumba hasta las tres de la mañana, para luego caerse a balas frías hasta que abran el metro a las cinco. Mi Caracas ya es otra, que con gorra de lado enseña el Bling bling que lleva en sus dientes falsos.

Osmar Peña

El metro, Cartelera Cultural

Vivimos al sonar de nuestros pasos en Caracas, una ciudad de túneles subterráneos que nadie recorre a pie, que se ven invadidos de luz y de nuestra presencia en sigilosos trenes que vienen y van, deslizándose suavemente sobre los rieles. Dentro de los cuales retumban actos culturales interesantes y para todos los gustos.

Es posible disfrutar del teatro, cuando alguna persona hace uso de sus mejores facetas actorales, que por cuestiones demasiado folklóricas, les es muy difícil conseguir su real talento frente al espejo; una viejecita ingresa pidiendo dinero porque ella asegura que “da lástima”, realmente la he escuchado al salir del vagón decir: estos toñoelamable no me dieron nada…. y metamórficamente cambiar la cara al ingresar a un nuevo vagón. O aquellos actores extras, que dicen ser ciegos, pero que te van viendo por entre esos lentes negros para sol que cargan, un ciego no mueve sus pupilas y los lentes no son sellados al vacío.

Asímismo observamos interpretaciones musicales, a cargo de las boy-bands caraqueñas que realmente, prefieren mendigar a estudiar. El dinero fácil es una cuestion no muy complicada, de vagón a vagón… disculpen me distraje con ese famoso verso que todos se copian a falta de originalidad… la música va desde charraca, pasando por infantes gritando coplas llaneras, y desembarcando en guitarras o hasta exquisitos acordeones, sólo si se corre con suerte.

Nunca en una movida cultural, pueden faltar todos aquellos personajes protagonistas, que sin lugar a dudas marcan el metro con su imagen: la pide-pide quien dice que conoce a todo el mundo, y que todos la conocen, el enano quien pide q no lo pisen, pero que le den dinero… la mujer del seno carcomido, cuestión horrorosa que menos mal ya no realiza (a la mujer como q le pegó el pudor o se le sanó y se jodi… la obra) y pues el latin-lover… guitarra acústica con micrófono, que intenta seducir a todas las feminas con sus pobres azules ojos.

En esta travesía cultural, nos encontramos con los monólogos… una propuesta muuuy autóctona, que ha revolucionado dicho género: una cantata corrida de versículos, los cuales son cantados apretadamente entre la gente por los pastores de jehová, yavé o algún otro sinónimo. Uno curiosísimo que logré presenciar una vez, fue una señora viejiiiita que tenía infinitos recortes de periódico, que dejaba ver, leer y a la par recitaba sus dolores, todo por cuestiones de ser atacada según ella por “alienígenas” cuestión inexplorable para mi persona. “Las casas caídas”, una leyenda urbana sobre ranchos arrasados en tiempos de sequía, que a pesar de ser un tiempo meteorológico extrañísimo, algunos ejecutan la maniobra “las aguas se han llevado mi casa” y desmontan la compasión ajena, debajo de la pepa e´sol que recibe todo el mundo.

La voz, la música, el teatro, el monólogo, forman una movida cultural tan económica, que sólo cuesta 0,50 bs.f. Les prometo a todos los visitantes que con tan sólo dar una vueltecita en la línea 1 del metro de Ccs, podrán disfrutar de varios espectáculos. Una bienvenida más económica, imposible… Son shows que ingresan sin permiso a nuestro viaje, que pueden interrumpir a golpe de voz nuestras lecturas, que han convertido al metro en una cartelera cultural de muy baja calidad, pero de la cual es imposible escapar, viajese a la hora que se viaje.

Osmar Peña