Hoy quiero enfocar ese lugar que llamamos hogar desde el lugar de la pérdida, desde el punto de vista de una fractura, de esas que nos cuesta el suelo…
Dame un punto de quiebre,
dame un recuerdo.
Pinta la limpieza casera de un refrigerador,
el cuidado del perro importado de Italia,
los discos de la Lupe y de María Callas siempre a la vista…
estantes hechos con ladrillos y cartones.
Enseñame a deslizar mis pies sobre tu suelo de granito,
enséñame la risa, la riña, la reconciliación en plena sala
enseñame tus manos blancas, tus ojos cristalinos,
limpia de mis labios las infinitas colillas de Marlboro rojo.
Oblígame de nuevo a comer alcaparras,
y oblígame nuevamente a intercambiarlas por tus besos.
Enséñame de nuevo a sentarme en una butaca de teatro,
lo que es un movimiento, una pieza y un concierto.
Ese sabor a polaco no es tan fácil de borrar…
Si alguna vez, he reconocido otro lugar como hogar
alguna vez en esta vida… supongo ha sido aquel 21…
aquella calle sin salida, aquella soledad habitada.
Creo que nunca olvidaré.
Osmar Peña ’11
