A continuación coloco una crónica realizada por mi persona, sobre mi visión de Caracas (realizada dentro del taller de periodismo literario que estoy haciendo en el CELARG):

¿Caracas?
Caracas fue alguna vez, la ciudad de los techos rojos. Desde hace ya unas décadas cada teja fue cambiándose por una lámina de zinc, ya las casas se amontonaban en lo que antes eran montañas, las calles empedradas de tanto pisarlas se volvieron negras y lisas, realmente ya ni existe rastro de la gente costumbrista de la época colonial, tan sólo nos queda el recuerdo, o los bonitos cuadros que se esconden dentro las galerías en desuso.
La foto que solemos guindar en un afiche comercial turístico de Caracas, es una panorámica que evita decir demasiado. Las playas, los médanos, la selva, son lugares que le quitan todo el protagonismo a la capital de Venezuela, desde la explotación turística que comenzó hace varias décadas, según el Ministerio del poder popular para el Turismo (MINTUR). Las plazas se cubren de tiendas manuales, improvisadas con techos de plástico durante la mañana, que luchan codo a codo por ocupar más espacio uno que el otro, donde los triciclos fueron sustituidos por un televisor que prueba películas de DVD bajo pleno sol.
Caracas se dejó de iglesias y comenzó a construir centros comerciales; olvidó lo elegante de los barcos turísticos, para despegar entre alas vacías de un control cambiario; apagó las corridas de toros para desarenar el lugar, obviamente no estamos en Pamplona, pero al ser pro-animales, los toros no tienen que pagar los platos rotos de la modernidad, y mucho menos quedar ignorados por el reciente protagonismo de la capa de ozono y sus desperfectos.
Esta Caracas actual no tiene edad, vive atorándose en el metro a las cinco de la tarde; persiguiendo al ladrón que la atracó en Petare, sobreviviendo a la falta de trabajo y al gasto de papel en currículums que no volverán; Caracas se trasnocha en una rumba hasta las tres de la mañana, para luego caerse a balas frías hasta que abran el metro a las cinco. Mi Caracas ya es otra, que con gorra de lado enseña el Bling bling que lleva en sus dientes falsos.

Osmar Peña