Vivimos al sonar de nuestros pasos en Caracas, una ciudad de túneles subterráneos que nadie recorre a pie, que se ven invadidos de luz y de nuestra presencia en sigilosos trenes que vienen y van, deslizándose suavemente sobre los rieles. Dentro de los cuales retumban actos culturales interesantes y para todos los gustos.
Es posible disfrutar del teatro, cuando alguna persona hace uso de sus mejores facetas actorales, que por cuestiones demasiado folklóricas, les es muy difícil conseguir su real talento frente al espejo; una viejecita ingresa pidiendo dinero porque ella asegura que “da lástima”, realmente la he escuchado al salir del vagón decir: estos toñoelamable no me dieron nada…. y metamórficamente cambiar la cara al ingresar a un nuevo vagón. O aquellos actores extras, que dicen ser ciegos, pero que te van viendo por entre esos lentes negros para sol que cargan, un ciego no mueve sus pupilas y los lentes no son sellados al vacío.
Asímismo observamos interpretaciones musicales, a cargo de las boy-bands caraqueñas que realmente, prefieren mendigar a estudiar. El dinero fácil es una cuestion no muy complicada, de vagón a vagón… disculpen me distraje con ese famoso verso que todos se copian a falta de originalidad… la música va desde charraca, pasando por infantes gritando coplas llaneras, y desembarcando en guitarras o hasta exquisitos acordeones, sólo si se corre con suerte.
Nunca en una movida cultural, pueden faltar todos aquellos personajes protagonistas, que sin lugar a dudas marcan el metro con su imagen: la pide-pide quien dice que conoce a todo el mundo, y que todos la conocen, el enano quien pide q no lo pisen, pero que le den dinero… la mujer del seno carcomido, cuestión horrorosa que menos mal ya no realiza (a la mujer como q le pegó el pudor o se le sanó y se jodi… la obra) y pues el latin-lover… guitarra acústica con micrófono, que intenta seducir a todas las feminas con sus pobres azules ojos.
En esta travesía cultural, nos encontramos con los monólogos… una propuesta muuuy autóctona, que ha revolucionado dicho género: una cantata corrida de versículos, los cuales son cantados apretadamente entre la gente por los pastores de jehová, yavé o algún otro sinónimo. Uno curiosísimo que logré presenciar una vez, fue una señora viejiiiita que tenía infinitos recortes de periódico, que dejaba ver, leer y a la par recitaba sus dolores, todo por cuestiones de ser atacada según ella por “alienígenas” cuestión inexplorable para mi persona. “Las casas caídas”, una leyenda urbana sobre ranchos arrasados en tiempos de sequía, que a pesar de ser un tiempo meteorológico extrañísimo, algunos ejecutan la maniobra “las aguas se han llevado mi casa” y desmontan la compasión ajena, debajo de la pepa e´sol que recibe todo el mundo.
La voz, la música, el teatro, el monólogo, forman una movida cultural tan económica, que sólo cuesta 0,50 bs.f. Les prometo a todos los visitantes que con tan sólo dar una vueltecita en la línea 1 del metro de Ccs, podrán disfrutar de varios espectáculos. Una bienvenida más económica, imposible… Son shows que ingresan sin permiso a nuestro viaje, que pueden interrumpir a golpe de voz nuestras lecturas, que han convertido al metro en una cartelera cultural de muy baja calidad, pero de la cual es imposible escapar, viajese a la hora que se viaje.
Osmar Peña